Efecto de las Emociones "Enquistadas"


A lo largo del día vamos sintiendo más o menos energía, debido a que por un lado vivimos muy a prisa  y por otro porque perdemos el contacto con nuestras sensaciones y emociones. Se va dejando nuestra energía en diferentes situaciones y momentos del día, porque no nos detenemos a observar nuestros pensamientos:

  • ¿Qué me digo a mi mismo? ¿Cuánto me estoy criticando?
  • ¿Con quien estoy resentido? 
  • ¿En qué situación no expresé lo que sentía? 
  • ¿Qué pensamientos, emociones, acontecimientos o personas te vienen continuamente a la cabeza?
  • ¿Hay alguna emoción o pensamiento que te obsesiona?

De alguna manera es como si nos vamos “dividiendo”, colocando nuestra atención en algo que ocurrió en un tiempo diferente del cual estamos.  Recuerda que “...donde esté tu tesoro estará también tu corazón” (Lucas 12:34)

Es necesario emplear toda tu voluntad y la fuerza de tu deseo para llamar a esas partes tuyas que están atrapadas en situaciones pasadas o presentes y que no están siendo funcionales para tu vida. Porque si no lo haces terminarás perdiendo energía que al final, irá generando bloqueos en el área emocional y psíquica que termina manifestándose en tu energía física. Mientras esta corriente de energía sea sana y te sientas a gusto contigo mismo, hay mucho menos riesgo de enfermedad.

Cuando niños constantemente nos dicen frases como “No llores...los hombres no lloran...los demás no tienen que saber lo que sientes, etc.”, en ese momento no se nos está permitiendo expresar plenamente nuestras emociones, se nos enseña a separar el conocimiento intelectual de nuestra realidad emocional. Por lo tanto terminamos siendo adultos físicamente pero mental y emocionalmente somos niños y lo que es peor “niños resentidos”. Porque todas las emociones no expresadas, ni reconocidas se quedan estancadas energéticamente. En cambio las emociones que se expresan y se sienten, simplemente fluyen sin dejar asuntos inconclusos. 

Hasta que no se aprendan a canalizar las emociones seguirán aumentando las estadísticas de afectados de cáncer.  Y no se trata de no sentir miedo, ira o estrés que van y vienen como parte de la vida normal, sino de reconocerlas y expresarlas ecológicamente. Cuando estas emociones se hacen lo suficientemente intensas para afectar nuestro bienestar psíquico y emocional con mucha frecuencia vamos en dirección a la enfermedad física a no ser que las resolvamos de una manera sana. Cuando el sufrimiento, la rabia y la frustración cotidianos no resueltos nos roban la energía vital productora de salud, es esencial llevar curación y comprensión a nuestro pensamientos, emociones y actos diarios. 

¿Tengo justificación para llevar “Emociones Enquistadas”?

Si bien es cierto que un abuso, el abandono o el maltrato producen un gran dolor a un niño, también es cierto que no tienen porque seguir afectando durante toda la vida. Afectan principalmente cuando empezamos a tener cierta autonomía y empezamos a hacer juicios de la situación, cuando lo percibimos como una afrenta personal e intencionada por parte de los demás hacia nosotros. Es justo allí cuando nos llenamos de resentimiento y amargura. Por lo tanto no es el acto en sí lo que nos afecta, sino la posterior lectura mental que hacemos de ello. Es justo en este momento en que las heridas se hacen potencialmente peligrosas y tóxicas.

A partir de allí se introduce en nuestro patrón emocional y psíquico un modelo conflictivo de cómo debió haber sido nuestra vida, empezamos a compararnos con la vida de otros. Y con ello empezamos el ciclo vicioso y absurdo de “la víctima”, que es  el escenario perfecto para los efectos tóxicos de la acusación y la culpa. Sólo cuando “creemos” que merecemos una vida diferente, empezamos  a revivir y reevaluar nuestras primeras experiencias como si fuéramos detectives. Entonces podría muy bien producirse la interrupción del flujo de energía y estaríamos sembrando el germen para la proliferación de alguna  enfermedad, al ser incapaz de resolver nuestro dolor emocional y psíquico con aceptación, respeto y comprensión hacia nosotros mismos y los demás.

¿Cómo se produce el conflicto que enferma?

  • Cuando me veo como víctima: pensando que los demás me hicieron intencionalmente algo, de esta manera me minimizo ante la circunstancia y ante el “perpetrador” que creo en mi inocencia infantil. Porque en el fondo una parte de mi quiere seguir siendo ese niño o niña.
  • Cuando busco justicia: Busco vengarme de la persona que supuestamente me ha ocasionado el daño, pero lo triste de ello es que la mayoría de las veces tenemos sentimientos ambivalentes, porque muchas veces se trata de nuestros propios padres. Lo cual hace que nos alejemos de ellos emocionalmente y por otro lado deseemos su cercanía o su apoyo. Al final termino haciéndome mucho más daño, con la recriminación o el juicio. 

¿Cuándo se produce la enfermedad?

  • Cuando la persona comienza a recordar que efectivamente fue violada, maltratada o  abandonada de alguna manera. El hecho de recordar es saludable si se tiene la intención de cerrar la situación, pero cuando la idea es revolcarse en el sufrimiento, tiene un efecto depresivo
  • La persona interpreta esos acontecimientos desde la perspectiva de que su familia eligió hacerle eso a ella de un modo intencionado y consciente. Es esta actitud y no el maltrato lo que produce la enfermedad
  • Quedarse atascado en la energía del “victimismo” durante mucho tiempo es autodestructivo. 

¿Es dañino sentir rabia? 

Sentir rabia y furia por maltratos o abusos del pasado es un primer paso necesario hacia la curación; la rabia nos moviliza  y nos da la energía para hacer cambios para mejorar la vida que deberíamos haber hecho mucho antes, lo que es negativo es inhibir y quedarte allí inmovilizado autocompadeciendose. Es inevitable cuando te haces consciente, no sentir rabia o resentimiento, pero la cosa es no quedarte anclado en ella porque te envenena el alma tanto a ti como a tus seres queridos, porque terminas cerrándote al mundo, mermando tu capacidad de amar y de recibir. Cuanto más tiempo permanecemos buscando a un agresor a quien culpar de lo que nos sucedió, ya sean parejas, nuestra madres, familiares, etc. más se nos agotan las energías del cuerpo.

Sin duda los primeros años de vida familiar tienen una profunda influencia en el carácter y la salud de alguien, pero si te haces consciente de ello no tienes que estar supeditado al sufrimiento de las enfermedades o dolor emocional, si trabajas las emociones el tiempo necesario, autentificándolas sin pensar que están mal o están bien, aprenderás a vivir con ellas sin que se “enquisten” impidiendo tu flujo natural ante la vida.

*Si quieres profundizar en el tema puedes realizar nuestra Formación Online Coaching Corporal para aprender cómo liberar emociones enquistadas y encontrar un equilibrio integral

Escrito por Luz Rodríguez
Contacto: info@ordenesdelamor.org

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1 comentarios

  1. Hola!
    Tendrás información para compartir, acerca de cómo romper con los mandatos familiares dañinos?
    Gracias!

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