Las oportunidades que nos brinda la vida de poder realizar esos sueños que con inocencia infantil creemos que son nuestros, oportunidades únicas en las cuales todo el mundo dice con asombro “que suerte tienes” y la verdad es que... en el fondo nos sorprende, porque se tiene una sensación de tristeza y de vacío e inclusive desconcierto porque no nos sentimos todo lo dichosos que “deberíamos” ¿A qué se debe esa falta de alegría?
Una de las causas de los conflictos personales son aquellos duelos que no permanecen abiertos, ya sea porque había que mantenerse fuerte y todo el mundo insistía que había que seguir adelante. O bien porque creamos mecanismos de defensa para protegernos del dolor, por lo tanto se reprime. Pero a pesar de que se haga esto, el duelo permanece como sombra en nuestro inconsciente. Y al menor movimiento aflora o lo que es peor otros miembros de la familia lo llevan por nosotros.
Los símbolos han influenciado a la humanidad desde los orígenes del tiempo, etimológicamente “símbolo significa lanzar conjuntamente y reunir”, por lo tanto éstos recogen las proyecciones inconscientes de un colectivo. Algunos símbolos tienen una influencia más potente sobre algunas personas que otros y esto se debe a la historia familiar, creencias o traumas que ocurren en el mismo.
Las personas que tienen un trabajo muchas veces no lo valoran, porque arquetípicamente el trabajo ha sido relacionado con el sufrimiento según el significado etimológicamente “actividad que producía dolor en el cuerpo”. A pesar del origen de la palabra se puede ver al trabajo desde una perspectiva diferente, desde el disfrute y la pasión. Pero para ello debemos primeros buscar el origen de nuestra inconformidad con nuestro trabajo.



